Servir
Comprender que una buena experiencia empieza por escuchar y cuidar los detalles.
Nuestra historia
Restaurant Valentina nació del esfuerzo de Guillermo y Evelyn, de su familia y de muchas personas que creyeron en el sueño y ayudaron a construirlo día tras día.
Conocer la experiencia Valentina
El origen del nombre
El nombre del restaurante es un homenaje a nuestra hija Valentina.
Desde muy pequeña ha enfrentado una enfermedad crónica y, pese a las dificultades, nos ha enseñado con su fortaleza el verdadero sentido de ser valiente. Su manera de seguir adelante continúa inspirando a nuestra familia y al restaurante que lleva su nombre.
“Valentina representa la fuerza para avanzar incluso cuando el camino se vuelve difícil.”
El punto de partida
Restaurant Valentina comenzó en Vivar 102, en un local de aproximadamente 20 m² ubicado en la esquina de enfrente. El espacio era pequeño, por eso instalamos algunas mesas en la terraza. Allí aprendimos a atender, organizar recursos, escuchar a nuestros clientes y construir comunidad.
Cuando comenzaron las obras en calle Sotomayor, supimos que afectarían el funcionamiento del restaurante y decidimos trasladarnos a Vivar 154. En ese local enfrentamos la pandemia y mantuvimos vivo el proyecto en uno de sus periodos más exigentes.
Al acercarse el final de la pandemia anticipamos que las personas buscarían espacios más amplios. Ese aprendizaje nos llevó a Sotomayor 673. Después incorporamos el sector contiguo de Vivar 103 y, finalmente, Vivar 105. Así, paso a paso, formamos el Restaurant Valentina que existe hoy.
Algunas personas todavía nos buscan en la antigua esquina de Vivar 102. Actualmente allí funciona el local Punto y Coma; Restaurant Valentina está en la esquina de Sotomayor con Vivar.
Esta no es la historia de una sola persona. Es una construcción familiar y colectiva, fortalecida por cada mano, cada consejo y cada gesto de apoyo recibido durante el camino.
Construido entre muchas manos
Una mención especialmente honrosa merece don José Delgado Paredes, padre de Evelyn. Desde el primer día estuvo presente: hizo arreglos, construyó mesas, ayudó a levantar la terraza y trabajó codo a codo con nosotros. Él creyó en este sueño cuando todavía era pequeño y puso sus manos, su tiempo y su esfuerzo al servicio de hacerlo realidad.
Junto a él, Carmen Gloria Ibarra, madre de Evelyn, sostuvo una parte silenciosa pero fundamental de esta historia. En aquellos momentos difíciles se encargó de cuidar a Valentina, entregándonos tranquilidad, apoyo y la posibilidad de continuar trabajando por el futuro del restaurante. Su cuidado y presencia también ayudaron a construir este sueño.
Nuestro reconocimiento también es para nuestro gran amigo Carlos Alberto Castellano. Su apoyo permanente y sus palabras de aliento nos ayudaron a continuar cuando el camino parecía más difícil. Su confianza fue una fuerza fundamental para que este proyecto pudiera seguir creciendo.
Agradecemos igualmente a Nelson y don Luis, amigos que estuvieron presentes en momentos muy difíciles, y a tantas otras personas cuyos nombres forman parte de esta historia.
Guardamos además un recuerdo especial para nuestros grandes amigos José y Chamaca, quienes ya no están con nosotros, pero cuya amistad, cariño y apoyo permanecen vivos en la memoria de la familia Valentina.
Restaurant Valentina no apareció de un día para otro: se construyó grano a grano, día a día, con trabajo, amistad, confianza y perseverancia.
“Este sueño tiene muchos nombres y muchas manos detrás.”
Comprender que una buena experiencia empieza por escuchar y cuidar los detalles.
Convertir cada problema real en una oportunidad de observación y mejora.
Transformar la experiencia acumulada en oportunidades para otras personas.
El siguiente capítulo
El restaurante es la escuela viva y el impulsor. Castillos en el Aire organiza ese aprendizaje en un programa para constructores de sueños, basado en el Método Grenett y conectado con la Misión 1000.
Conocer el programa